Un coral dorado descubierto en las profundidades del Pacífico da origen a una nueva familia científica

Las profundidades del océano Pacífico frente a Costa Rica continúan revelando especies que habían permanecido prácticamente fuera del alcance de la ciencia. Esta vez, los investigadores se encontraron con un coral tan diferente de los grupos conocidos que fue necesario crear no solo una nueva especie, sino también un nuevo género y una nueva familia para clasificarlo.

La nueva especie fue denominada Laurinque elenya y fue descrita oficialmente en junio de 2026 en la revista científica ZooKeys. El estudio fue liderado por la bióloga marina costarricense Odalisca Breedy, de la Universidad de Costa Rica, junto con un equipo internacional de investigadores.

El descubrimiento tuvo lugar en montes submarinos del Pacífico Tropical Oriental, incluyendo zonas cercanas a la Isla del Coco, a cientos de metros por debajo de la superficie.

Un coral que parecía un árbol dorado

A primera vista, Laurinque elenya destaca por su apariencia.

Las colonias pueden superar un metro de altura y presentan una estructura ramificada que recuerda a pequeños árboles o abanicos submarinos. Cuando están vivas, sus colonias tienen una llamativa coloración amarilla brillante.

Los ejemplares estudiados fueron encontrados entre aproximadamente 360 y 529 metros de profundidad, en zonas completamente inaccesibles para el buceo recreativo.

En estos ambientes, las colonias crecen sobre superficies rocosas y forman estructuras tridimensionales que pueden convertirse en refugio para otros organismos marinos.

El entorno donde fueron observadas también llamó la atención de los investigadores. En algunos de los montes submarinos, las rocas estaban cubiertas por grandes concentraciones de ofiuras, pequeños animales marinos relacionados con las estrellas de mar. Los corales amarillos sobresalían entre ellas, creando un paisaje que inspiró posteriormente su nombre científico.

Un nombre inspirado en el mundo de Tolkien

El nombre de la especie tiene una historia poco habitual para la ciencia.

Los investigadores recurrieron al quenya, una de las lenguas élficas creadas por el escritor británico J. R. R. Tolkien para obras como The Lord of the Rings y The Silmarillion.

El nombre del género, Laurinque, deriva de Laurinquë, una palabra asociada con la idea de un árbol dorado. La elección hace referencia tanto al color amarillo de las colonias como a su forma ramificada.

El nombre específico, elenya, está relacionado con las estrellas. En este caso, hace referencia a los campos de ofiuras que rodeaban las colonias de coral.

El resultado es un nombre científico que podría parecer sacado directamente de la Tierra Media, pero que pertenece a un organismo real que vive a cientos de metros bajo el océano.

Una especie tan diferente que necesitó su propia familia

Lo más importante del descubrimiento no es únicamente el nombre.

Cuando los científicos intentaron determinar dónde encajaba Laurinque elenya dentro del árbol evolutivo de los octocorales, encontraron un problema poco habitual.

Los investigadores analizaron diferentes marcadores genéticos utilizados habitualmente para establecer las relaciones entre estos organismos. Sin embargo, cada uno de los genes estudiados parecía situar al coral en una familia diferente.

Para resolver esta contradicción, el equipo recurrió a un análisis filogenómico basado en cientos de genes.

Los resultados demostraron que el coral pertenecía a un linaje independiente. Su grupo más cercano es la familia Eunicellidae, pero las diferencias genéticas y anatómicas eran suficientemente importantes como para impedir su clasificación dentro de una familia ya existente.

Por esta razón, los científicos crearon Laurinqueidae, una familia completamente nueva.

La publicación describe así simultáneamente una nueva especie, un nuevo género y una nueva familia: Laurinque elenya, Laurinque y Laurinqueidae.

Dos expediciones para comprender el descubrimiento

El hallazgo fue posible gracias a expediciones científicas realizadas en 2019 y 2023.

Los investigadores utilizaron el vehículo operado remotamente SuBastian, capaz de descender a grandes profundidades y recoger imágenes y muestras de lugares que los seres humanos no pueden explorar directamente.

Las expediciones fueron realizadas a bordo de los buques de investigación Falkor y Falkor (too), operados por el Schmidt Ocean Institute. Las muestras estudiadas procedían de montes submarinos situados frente a la plataforma insular de la Isla del Coco y de otras formaciones geológicas del margen Pacífico costarricense.

El material fue posteriormente analizado mediante estudios morfológicos, anatómicos y genéticos.

La Isla del Coco, un laboratorio natural bajo el océano

El descubrimiento también pone de relieve la importancia científica de la Isla del Coco y de los ecosistemas marinos que la rodean.

La Isla del Coco se encuentra aproximadamente a cientos de kilómetros de la costa continental y constituye uno de los espacios marinos más importantes del país. El área está protegida por el Parque Nacional Isla del Coco y forma parte de un sistema de conservación administrado por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación.

La Universidad de Costa Rica mantiene desde hace décadas una importante línea de investigación dedicada a los ecosistemas marinos de la isla. El Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) cuenta con proyectos específicamente relacionados con la biodiversidad y los ecosistemas de Isla del Coco.

La propia investigadora principal del estudio, Odalisca Breedy, trabaja en el CIMAR y está especializada en la taxonomía y ecología de los corales blandos. La UCR señala que ha descrito decenas de especies nuevas de octocorales y que actualmente estudia estos organismos en regiones poco conocidas del mar profundo.

Un ecosistema todavía poco explorado

Aunque los océanos cubren la mayor parte de la superficie del planeta, las profundidades marinas siguen siendo uno de los ambientes menos conocidos de la Tierra.

El descubrimiento de Laurinque elenya es un ejemplo de cuánto queda todavía por estudiar en las aguas profundas del Pacífico Tropical Oriental.

Las montañas submarinas proporcionan superficies rocosas donde organismos como los octocorales pueden establecerse y formar estructuras complejas. Estas comunidades pueden contribuir a crear hábitats utilizados por numerosas especies marinas.

Por eso, identificar qué organismos viven en estos lugares no es solamente una cuestión de ampliar las listas de especies conocidas. También permite comprender mejor cómo funcionan estos ecosistemas y qué elementos deben ser considerados para su conservación.

Los corales de aguas profundas también necesitan protección

Los corales de aguas profundas pueden crecer muy lentamente y formar estructuras que permanecen durante largos periodos.

Su vulnerabilidad aumenta porque cualquier daño físico producido sobre el fondo marino puede tardar mucho tiempo en recuperarse. Las actividades humanas que afectan directamente al fondo, como determinados tipos de pesca, pueden representar una amenaza para estos ecosistemas.

La existencia de áreas marinas protegidas alrededor de Isla del Coco resulta especialmente importante en este contexto.

El SINAC mantiene actualmente instrumentos de planificación específicos para el Parque Nacional Isla del Coco y el Área de Conservación Marina Cocos, incluyendo el plan de manejo del parque para el periodo 2024-2034.

Una nueva especie que recuerda cuánto queda por descubrir

Laurinque elenya es mucho más que un coral con un nombre inspirado en Tolkien.

Su descubrimiento demuestra que incluso en una región que ha sido objeto de décadas de investigación científica, las profundidades del océano todavía esconden organismos desconocidos.

El hecho de que los científicos hayan tenido que crear una nueva familia para clasificar este coral demuestra hasta qué punto las aguas profundas pueden contener linajes evolutivos que todavía no comprendemos completamente.

Para Costa Rica, el hallazgo representa además otro ejemplo del valor científico de sus ecosistemas marinos y de la importancia de continuar explorando y protegiendo sus aguas.

Desde las costas hasta los montes submarinos situados cientos de metros bajo la superficie, el territorio natural de Costa Rica todavía tiene muchas historias por revelar.

Fuentes de información

Universidad de Costa Rica — Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR): información sobre la investigadora Odalisca Breedy, sus investigaciones sobre octocorales y los proyectos de investigación marina relacionados con Isla del Coco.

Universidad de Costa Rica — Sistema de Información y Gestión de Proyectos (SIGPRO): proyectos de investigación sobre biodiversidad de aguas profundas y exploración de octocorales en el Pacífico Tropical Oriental.

SINAC — Área de Conservación Marina Cocos: información oficial sobre el Parque Nacional Isla del Coco y sus instrumentos de planificación y manejo.

ZooKeys: publicación científica original, A coral among stars: A new octocoral family (Anthozoa, Octocorallia, Malacalcyonacea) from seamounts in the tropical eastern Pacific, donde se describe Laurinque elenya y la nueva familia Laurinqueidae.

UNESCO: información sobre la importancia ecológica y científica del Parque Nacional Isla del Coco, reconocido como Patrimonio Mundial.

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