Llegamos al presente con una certeza: la democracia costarricense es una de las más longevas y estables del mundo, pero no es inmune al paso del tiempo ni a las nuevas amenazas globales. Si las entregas anteriores nos mostraron cómo se construyeron los cimientos, esta última analiza cómo mantener en pie el edificio frente a los vientos de cambio del siglo XXI.
La era de la desinformación y el ecosistema digital
Uno de los desafíos más apremiantes identificados por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) es la manipulación en plataformas digitales. En un contexto donde la información fluye sin filtros, la «posverdad» y las noticias falsas amenazan con erosionar la confianza en los procesos electorales.
- El reto: Distinguir entre el debate vigoroso y la campaña de odio orquestada. El TSE ha propuesto reformas para regular la propaganda en redes sociales y garantizar que los algoritmos no secuestren la voluntad popular.
Desigualdad y desencanto político
A pesar de los progresos, el Informe Estado de la Nación advierte sobre una «desmejora» en ciertos indicadores de calidad democrática. La persistente desigualdad social y económica actúa como un corrosivo para la cohesión ciudadana.
- El síntoma: Un abstencionismo que ya no es esporádico, sino estructural, especialmente en las zonas periféricas que sienten que los beneficios de la democracia no llegan a sus hogares.
- La paradoja: Costa Rica sigue siendo una «democracia plena» en los índices internacionales, pero convive con una ciudadanía que se siente cada vez menos representada por los partidos políticos tradicionales.
Hacia una democracia paritaria y pluricultural
El siglo XXI también ha traído consigo la exigencia de una inclusión más profunda. Ya no basta con el derecho al voto; la meta ahora es la paridad horizontal y el reconocimiento efectivo del carácter multiétnico y pluricultural de la nación.
- Hitos recientes: La reforma al artículo 1 de la Constitución y la lucha por una representación real de las mujeres en las alcaldías y presidencias de los poderes del Estado son pasos hacia una «democracia de resultados» y no solo de procedimientos.
Un compromiso permanente
La historia de la democracia en Costa Rica, desde los cabildos de 1821 hasta las complejas elecciones de 2026, nos enseña que la libertad no es un destino final, sino un ejercicio cotidiano. Como señalaron los constituyentes del 49, el mayor tesoro del país no son sus armas, sino su capacidad de resolver conflictos mediante el diálogo y la ley.
Mantener viva nuestra poliarquía requiere hoy más que nunca de una ciudadanía informada, crítica y, sobre todo, participativa. La biografía de nuestra libertad se sigue escribiendo todos los días.
Fuentes consultadas:
- Desafíos para la democracia costarricense en el siglo XXI, Juan Pablo Sáenz Bonilla (UNED).
- Desinformación y democracia: retos para los organismos electorales, IFED-TSE.
- ¿Cómo hemos cambiado? Progresos y desmejoras en la democracia, Estado de la Nación (2022).
- Reformas Electorales 2023-2024, Tribunal Supremo de Elecciones.
- Trayectoria de la Poliarquía Costarricense, Análisis histórico de larga duración.







