Manglares bajo presión: contaminación y desarrollo amenazan ecosistemas esenciales

Los manglares ocupan una parte relativamente pequeña del territorio costarricense, pero cumplen funciones fundamentales para la biodiversidad, las comunidades costeras y la protección de las zonas litorales. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan una combinación de amenazas relacionadas con la contaminación, el desarrollo costero, la actividad agrícola y los efectos del cambio climático.

Un reciente análisis sobre el estado de los manglares en el país vuelve a poner el tema sobre la mesa. La situación no responde a una única causa, sino a la acumulación de diferentes presiones que afectan tanto la calidad del agua como la capacidad de estos bosques para mantenerse y regenerarse.

Ecosistemas pequeños, pero esenciales

Los manglares se desarrollan en zonas donde se encuentran las aguas marinas y continentales, principalmente en estuarios, desembocaduras de ríos y áreas costeras sometidas a las mareas.

En Costa Rica, la mayor parte de estos ecosistemas se encuentra en la costa del Pacífico. Según datos recopilados por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), en 2021 el país contaba con aproximadamente 52.802 hectáreas de manglar, de las cuales cerca del 99,85 % se encontraba en la vertiente del Pacífico, incluida la Isla del Coco.

Aunque representan alrededor del 1 % del territorio nacional, los manglares tienen una importancia ecológica considerable. Funcionan como zonas de refugio, alimentación y reproducción para peces, crustáceos, moluscos y numerosas especies de aves.

El Instituto Costarricense de Turismo señala, por ejemplo, que el Humedal Estero de Puntarenas y Manglares Asociados constituye un importante sitio de alimentación, refugio y reproducción para diferentes especies silvestres.

Una barrera natural frente al cambio climático

Además de su importancia para la biodiversidad, los manglares proporcionan servicios ecosistémicos relacionados con la protección de las costas y el almacenamiento de carbono.

Sus sistemas de raíces ayudan a estabilizar los sedimentos y pueden reducir parte del impacto de la erosión y de determinados fenómenos costeros. Al mismo tiempo, estos ecosistemas almacenan grandes cantidades de carbono en su vegetación y en los sedimentos que acumulan.

El Banco Mundial reconoce que los manglares costarricenses son importantes para la conservación de la biodiversidad, la captura de carbono y los medios de vida de las comunidades rurales.

La contaminación llega desde tierra firme

Uno de los problemas más importantes para los manglares es que reciben contaminantes transportados por los ríos desde las zonas interiores del país.

Una revisión científica publicada en agosto de 2026 por CATIE, con participación de investigadores de la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional y el Tecnológico de Costa Rica, analizó más de cuatro décadas de estudios sobre contaminación del agua.

El análisis identificó la agricultura y las aguas residuales domésticas sin tratamiento como algunas de las principales fuentes de contaminación de los ríos. En las playas, las aguas residuales urbanas tienen un peso especialmente importante, sobre todo en zonas con una intensa actividad turística.

Esta contaminación puede terminar llegando a los ecosistemas costeros a través de las cuencas hidrográficas.

Los pesticidas también alcanzan los humedales

La conexión entre las actividades agrícolas y los manglares ha sido documentada recientemente mediante investigaciones científicas.

Un estudio publicado en 2026 analizó la presencia de residuos de pesticidas en el Humedal Nacional Térraba-Sierpe y en áreas influenciadas por los ríos de la región.

Los investigadores detectaron diferentes sustancias en el agua y en ejemplares de Anadara tuberculosa, un molusco nativo utilizado como bioindicador. Entre los compuestos encontrados se identificaron diurón, carbendazim, diazinón y etopropos, y los resultados sugirieron una posible relación con actividades agrícolas, particularmente con cultivos de piña presentes en la zona de influencia.

Este tipo de investigación permite comprender cómo los contaminantes utilizados tierra adentro pueden desplazarse a través de los sistemas fluviales hasta alcanzar humedales y ecosistemas marinos.

El desarrollo costero añade nuevas presiones

La contaminación no es la única amenaza.

La expansión urbana y turística, la construcción de infraestructura, la modificación de los cursos de agua, la sedimentación y determinadas actividades productivas también pueden alterar los manglares.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que las zonas costeras y los humedales de Costa Rica han experimentado deterioro y que la infraestructura, los asentamientos, el turismo, la agricultura, la pesca, la contaminación y el cambio climático ejercen presión sobre la biodiversidad.

El problema está especialmente relacionado con la planificación. Cuando se modifica el flujo natural de un río o se transforma un área costera sin considerar las características del ecosistema, pueden cambiar las condiciones de salinidad, sedimentación y disponibilidad de agua que necesitan los manglares.

Térraba-Sierpe: uno de los grandes refugios naturales

Entre los lugares más importantes para los manglares costarricenses se encuentra el Humedal Nacional Térraba-Sierpe, en la provincia de Puntarenas.

El ICT lo describe como uno de los bosques de manglar más grandes del país y destaca su importancia para la biodiversidad de la región de Osa.

El humedal se encuentra en la desembocadura de los ríos Térraba y Sierpe y está formado por una extensa red de canales, zonas inundables y bosques adaptados a las condiciones salinas y a las mareas. Estos ambientes proporcionan hábitat para peces, crustáceos, moluscos y aves.

Su importancia también es económica: diferentes comunidades costeras dependen de los recursos asociados a estos ecosistemas y de actividades como la pesca, el aprovechamiento tradicional de moluscos y el turismo de naturaleza.

Los manglares también sostienen el turismo

Estos ecosistemas no solo tienen valor científico o ambiental.

Los manglares forman parte de la oferta de turismo de naturaleza del país. El ICT incluye diferentes humedales y zonas de manglar dentro de sus guías turístico-culturales, donde se promueven actividades como la observación de aves y recorridos en bote.

En el Humedal Estero de Puntarenas y Manglares Asociados, por ejemplo, los canales permiten observar diferentes especies de mangle y aves, mientras que los ecosistemas sirven como zonas de refugio y alimentación para numerosas especies.

El turismo, por lo tanto, puede convertirse tanto en una fuente de presión como en una oportunidad para generar ingresos vinculados a la conservación cuando se desarrolla de manera responsable.

La conservación necesita planificación

Costa Rica cuenta con diferentes mecanismos para proteger sus ecosistemas costeros y promover un uso más sostenible de los recursos naturales.

El Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) participa en la gestión de áreas silvestres protegidas y ecosistemas marino-costeros, mientras que otras instituciones trabajan en temas relacionados con agua, turismo, planificación territorial y contaminación.

El Programa Bandera Azul Ecológica constituye otro ejemplo de colaboración institucional. El programa incluye categorías relacionadas con playas, comunidades, microcuencas hidrológicas, espacios naturales protegidos y cambio climático.

Estas herramientas pueden contribuir a mejorar la gestión ambiental, pero requieren seguimiento, financiación y coordinación entre instituciones, comunidades y sectores productivos.

Proteger los manglares también significa proteger a las comunidades

La conservación de estos bosques no se limita a proteger árboles y especies silvestres.

Los manglares ayudan a mantener poblaciones de peces y mariscos, ofrecen refugio a numerosas especies y contribuyen a proteger las costas. Para las comunidades que viven cerca de ellos, su deterioro puede tener consecuencias ecológicas y económicas.

El Banco Mundial ha señalado precisamente que las comunidades que dependen de los manglares pueden beneficiarse de sus servicios ambientales, aunque también existen desafíos para garantizar que estos beneficios económicos lleguen de manera equitativa a las poblaciones locales.

Un ecosistema que todavía puede recuperarse

La situación de los manglares plantea desafíos importantes, pero no significa que su deterioro sea irreversible.

Una revisión reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) destaca que, a escala mundial, la pérdida de manglares se ha desacelerado y que la regeneración natural y la expansión de algunos bosques están compensando parte de las pérdidas históricas.

Esto demuestra que la conservación, la restauración y una gestión adecuada pueden producir resultados.

En Costa Rica, proteger los manglares implica reducir la contaminación que llega desde las cuencas, mejorar el tratamiento de las aguas residuales, controlar las actividades que degradan los humedales y planificar cuidadosamente el desarrollo de las zonas costeras.

El futuro de los bosques que viven entre el mar y los ríos

Los manglares pueden parecer ecosistemas discretos frente a los grandes bosques tropicales o las playas que caracterizan al país. Sin embargo, su función es mucho mayor de lo que su extensión podría sugerir.

Son espacios donde se conectan los ríos, el mar, la fauna silvestre y las comunidades humanas. Su conservación depende de decisiones que van mucho más allá de la línea costera: comienza en las cuencas hidrográficas, continúa con la gestión de las aguas residuales y la agricultura y termina en la manera en que se planifican las ciudades, las infraestructuras y el turismo.

El desafío para Costa Rica será encontrar un equilibrio entre el desarrollo de sus regiones costeras y la protección de unos ecosistemas que ofrecen beneficios esenciales tanto para la naturaleza como para las personas.

Fuentes de información

CATIE: revisión científica de más de cuatro décadas de investigaciones sobre contaminación del agua en Costa Rica.

Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC): documentación sobre conservación y gestión de ecosistemas marino-costeros.

Instituto Costarricense de Turismo (ICT): información oficial sobre humedales, manglares, turismo de naturaleza y áreas protegidas.

Banco Mundial: análisis sobre el valor ecológico y socioeconómico de los manglares y los desafíos para su conservación.

OCDE: evaluación ambiental de Costa Rica y presiones sobre biodiversidad, zonas costeras y humedales.

Investigación científica sobre contaminación por pesticidas: estudio publicado en Marine Pollution Bulletin sobre el Humedal Nacional Térraba-Sierpe.

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