Durante la Semana del Espacio, uno de los grandes temas de la astronomía vuelve a estar en el centro de la conversación: la posibilidad de encontrar vida fuera de la Tierra.
En las últimas décadas, los científicos han confirmado miles de planetas que orbitan estrellas diferentes al Sol. Entre ellos, algunos se encuentran en regiones donde las condiciones podrían permitir la existencia de agua líquida, un elemento considerado fundamental para la vida tal como la conocemos.
Uno de los casos que más interés ha despertado es K2-18 b, un exoplaneta situado a unos 120 años luz de la Tierra. Las observaciones realizadas con telescopios espaciales han permitido detectar vapor de agua y otras moléculas en su atmósfera, convirtiéndolo en uno de los mundos más estudiados en la búsqueda de posibles condiciones habitables.
¿Qué es un exoplaneta?
Un exoplaneta es un planeta que se encuentra fuera de nuestro Sistema Solar y que orbita una estrella diferente al Sol.
La NASA ha confirmado ya más de 6.000 exoplanetas, una cifra que continúa aumentando gracias a nuevas observaciones. Estos mundos presentan una enorme diversidad: algunos son pequeños y rocosos, otros son gigantes gaseosos y existen también planetas de tamaños intermedios que no tienen un equivalente directo en nuestro Sistema Solar.
El estudio de estos planetas permite a los científicos comparar otros sistemas planetarios con el nuestro y analizar cuáles podrían reunir condiciones compatibles con la vida.
La importancia de la zona habitable
Uno de los primeros criterios utilizados para estudiar la habitabilidad de un exoplaneta es su ubicación respecto a la estrella que orbita.
La llamada zona habitable es la región alrededor de una estrella donde las temperaturas podrían permitir que exista agua en estado líquido en la superficie de un planeta. También se conoce como la “zona Ricitos de Oro”, porque no es ni demasiado caliente ni demasiado fría.
Sin embargo, encontrarse dentro de esta zona no significa automáticamente que un planeta sea habitable.
La temperatura, el tamaño del planeta, la composición y estabilidad de su estrella, la atmósfera y otros factores también pueden determinar si las condiciones son adecuadas. La NASA señala que la zona habitable es principalmente un primer filtro para identificar los mundos que merecen un estudio más detallado.
K2-18 b, uno de los mundos más observados
K2-18 b es un exoplaneta aproximadamente 8,6 veces más masivo que la Tierra. Orbita una estrella enana roja y se encuentra dentro de su zona habitable.
En 2019, investigadores utilizaron datos del telescopio espacial Hubble para detectar la firma molecular del vapor de agua en su atmósfera. Fue la primera detección de vapor de agua en la atmósfera de un exoplaneta situado en la zona habitable.
Posteriormente, el telescopio espacial James Webb permitió estudiar su atmósfera con mayor detalle. En 2023, las observaciones revelaron la presencia de metano y dióxido de carbono. La combinación de estos elementos es compatible con la hipótesis de que K2-18 b podría tener un océano bajo una atmósfera rica en hidrógeno, aunque esta interpretación continúa siendo objeto de investigación.
La NASA describe actualmente a K2-18 b como un posible mundo oceánico y señala que todavía se necesitan nuevas observaciones para comprender mejor sus características.
Encontrar agua no significa encontrar vida
La presencia de agua es uno de los motivos por los que K2-18 b resulta tan interesante, pero los científicos mantienen una distinción fundamental: agua no equivale a vida.
En la Tierra, el agua líquida es esencial para la vida que conocemos. Por eso, encontrar indicios de agua en otro mundo puede convertirlo en un objetivo prioritario de investigación. Sin embargo, para determinar si realmente existe vida serían necesarias muchas más evidencias.
La Agencia Espacial Europea explica que las posibles señales de vida, conocidas como biosignaturas, deben analizarse dentro de un conjunto de evidencias. Una molécula aislada no constituye por sí sola una prueba de vida, ya que determinados compuestos también pueden producirse mediante procesos no biológicos.
La NASA utiliza el término biosignatura para describir una característica, molécula, sustancia o estructura que pueda proporcionar evidencia de vida pasada o presente. Para ser convincente, esa señal debe poder distinguirse de procesos naturales que no impliquen organismos vivos.
El papel del telescopio James Webb
El telescopio espacial James Webb ha abierto nuevas posibilidades para estudiar las atmósferas de planetas situados a enormes distancias.
En lugar de observar directamente la superficie de la mayoría de estos mundos, los científicos pueden analizar cómo la luz de su estrella atraviesa la atmósfera del planeta. Las diferentes moléculas absorben determinadas longitudes de onda de la luz, dejando una especie de huella química que puede ser estudiada mediante espectroscopía.
Este método ha permitido identificar moléculas como agua, metano y dióxido de carbono en las atmósferas de algunos exoplanetas. Webb no fue diseñado específicamente para demostrar la existencia de vida, pero sus capacidades están ayudando a establecer las bases para futuras investigaciones de habitabilidad y posibles biosignaturas.
El agua también puede existir lejos de la zona habitable
La búsqueda de agua no se limita a planetas situados en la zona habitable.
En 2024, una investigación citada por CR Hoy planteó la posibilidad de que algunos exoplanetas que se encuentran fuera de esa región puedan conservar agua líquida debajo de su superficie.
El estudio se basó en modelos sobre la formación y evolución de planetas con océanos de magma. Según esta hipótesis, durante las primeras etapas de formación de determinados planetas, parte del agua podría quedar atrapada en el interior y posteriormente liberarse hacia capas superiores a medida que el planeta se enfría.
Esta posibilidad amplía el número de lugares que los científicos pueden considerar en la búsqueda de mundos potencialmente habitables.
La búsqueda de vida se vuelve cada vez más precisa
La investigación de exoplanetas ha cambiado la manera en que los científicos buscan vida fuera de la Tierra.
Ya no se trata únicamente de encontrar un planeta parecido a nuestro mundo. Los investigadores pueden estudiar su tamaño, su estrella, su atmósfera, las moléculas presentes y la posible existencia de agua para determinar qué mundos merecen observaciones más detalladas.
La Agencia Espacial Europea señala que misiones como Cheops, Hubble y James Webb están permitiendo estudiar las características de exoplanetas y determinar cuáles podrían ofrecer condiciones compatibles con la vida. También destaca que futuras misiones, como Plato y Ariel, contribuirán a profundizar en el estudio de estos mundos.
Por ahora, no se ha confirmado vida en ningún exoplaneta. Lo que sí ha cambiado es nuestra capacidad para identificar los lugares donde podría ser más interesante buscarla.
Y cada nueva detección de agua, moléculas atmosféricas o condiciones potencialmente habitables añade una pieza más a una de las preguntas científicas más antiguas de la humanidad: si existe vida en algún otro lugar del universo.







