El 22 de mayo de 2025, un operativo policial en Orotina, Alajuela, resultó en uno de los decomisos más inusuales en la historia reciente de Costa Rica: cinco capibaras fueron encontrados en un vehículo que intentó evadir un retén de control en la ruta Costanera Sur. Junto a ellos, se incautaron drogas, armas blancas y se detuvo a dos personas con antecedentes penales por delitos graves. Este suceso marcó la primera vez que se registra un decomiso de capibaras en el país, llamando la atención del público y generando un debate sobre el tráfico de especies exóticas, la salud pública y el papel de los centros de rescate en la conservación. En este artículo, exploramos cómo estos animales pasaron de ser parte de una red de tráfico ilegal a convertirse en símbolo de conciencia ambiental y de los esfuerzos por proteger la biodiversidad en Costa Rica.
Contexto y antecedentes
Las capibaras, los roedores más grandes del mundo, son originarias de regiones húmedas de Sudamérica, incluyendo Brasil, Colombia y zonas de Panamá, donde habitan cerca de cuerpos de agua. Sin embargo, en Costa Rica no existe población silvestre de esta especie, y su presencia en el país está prohibida por las regulaciones de vida silvestre debido a los riesgos que representa para los ecosistemas locales y la salud pública.
En los últimos años, las capibaras han adquirido popularidad en redes sociales, convirtiéndose en figuras de moda en memes, mochilas, camisetas y videos virales que resaltan su apariencia tranquila y curiosa. Este auge ha incentivado, de forma paralela, un mercado ilegal de compra y tenencia de capibaras como mascotas exóticas, muchas veces sin considerar el gran tamaño que alcanzan, sus necesidades de espacio y agua, y las implicaciones legales de poseerlas en países donde su tenencia está prohibida. Este contexto explica cómo el tráfico ilegal de fauna encuentra espacios en Costa Rica, a pesar de las regulaciones existentes, impulsado por la demanda y la percepción de estas especies como “tiernas mascotas”.

Detalles del decomiso
La mañana del 22 de mayo, oficiales de la Fuerza Pública realizaban un control en la ruta 34 cuando un vehículo con actitud sospechosa evadió el retén. Tras una breve persecución, lograron detenerlo y al inspeccionar el interior encontraron cinco capibaras jóvenes, encerradas en condiciones inadecuadas y visiblemente deshidratadas y desnutridas. Junto a los animales se encontraron sesenta dosis de crack, marihuana, armas blancas y otros indicios que vinculan este transporte con actividades de narcotráfico.
Los detenidos, de apellidos Torres y Navarrete, contaban con antecedentes penales por delitos relacionados con narcotráfico, tráfico de personas, delitos sexuales y delitos ambientales, confirmando un patrón que vincula el crimen organizado con el tráfico de especies exóticas. El hallazgo fue trasladado de inmediato a la autoridad de vida silvestre y posteriormente al centro de rescate Zoo Ave para garantizar la atención veterinaria de los capibaras, quienes ingresaron en un estado crítico de salud, marcando así el inicio de una nueva etapa en su historia y en los esfuerzos de conservación en Costa Rica.
Estado sanitario de los animales
Al momento de su llegada al centro de rescate Zoo Ave en La Garita, Alajuela, los cinco capibaras decomisados presentaban un estado de salud delicado. Los reportes veterinarios indicaron que sufrían de desnutrición severa, deshidratación, acumulación de gases en sus sistemas digestivos, estrés elevado y lesiones menores causadas por el transporte inadecuado y las condiciones de encierro en las que fueron mantenidos durante su traslado ilegal.
Lamentablemente, uno de los capibaras, un macho joven, no logró superar las complicaciones derivadas de la falta de alimentación adecuada y falleció pocos días después de su rescate. Los otros cuatro, conformados por un macho y tres hembras jóvenes, continuaron bajo estricta observación veterinaria, con planes de alimentación controlada, suplementos para fortalecer su sistema inmunológico y la evaluación constante de su comportamiento y movilidad. Este estado inicial reflejó las consecuencias directas que el tráfico ilegal de especies provoca en la salud y el bienestar de los animales, incluso en especies conocidas por su fortaleza y adaptabilidad.
Cuidados en Rescate Wild Life Zoave
Bajo el cuidado del equipo de Zoo Ave, los cuatro capibaras supervivientes comenzaron un proceso de recuperación que incluyó un periodo de cuarentena para prevenir riesgos sanitarios y monitorear posibles enfermedades que pudieran afectar tanto a ellos como a otras especies del centro de rescate. Durante esta etapa, se implementó una dieta equilibrada y rica en fibra, se les proporcionó acceso a áreas con agua para que pudieran mantener sus comportamientos naturales de baño y se habilitaron espacios con sombra y vegetación para estimular su bienestar físico y emocional.
A medida que pasaron las semanas, los capibaras mostraron signos de mejoría en su peso y en su nivel de actividad. El macho logró ganar aproximadamente cuatro kilos y las hembras entre uno y dos kilos cada una, señales de una recuperación gradual que les permitió integrarse a un recinto más amplio dentro de las instalaciones del centro. Este proceso de cuidado reflejó no solo la capacidad de recuperación de los animales cuando se les otorgan las condiciones adecuadas, sino también el compromiso de Zoo Ave y de las autoridades costarricenses en la protección de especies exóticas decomisadas, asegurando que su rehabilitación se realice de manera segura y responsable.
Dinámica de exhibición y permiso
Tras superar la cuarentena y estabilizar su salud, los capibaras fueron trasladados a un recinto más amplio dentro de Zoo Ave, acondicionado especialmente con áreas verdes, cuerpos de agua y espacios de sombra para replicar, en la medida de lo posible, las condiciones de su hábitat natural. Este espacio no solo busca garantizar su bienestar, sino también convertirse en un punto educativo para los visitantes sobre la importancia de prevenir el tráfico de especies exóticas y los riesgos asociados a la tenencia irresponsable de fauna silvestre.

Sin embargo, para su exhibición al público, Zoo Ave necesitó la aprobación de un plan de manejo por parte del SINAC, el cual incluye lineamientos claros sobre su bienestar, la gestión de su cuidado a largo plazo y las estrategias para evitar reproducción no planificada que pueda agravar el problema de fauna exótica en el país. Inicialmente, la apertura para la visita de los capibaras al público se anunció para julio de 2025, coincidiendo con la temporada de vacaciones escolares, pero fue suspendida temporalmente hasta cumplir con todos los requisitos legales solicitados por las autoridades ambientales. Actualmente, Zoo Ave se encuentra en proceso de finalizar este plan para reabrir la visita de forma responsable y educativa, permitiendo al público conocer a estos animales bajo lineamientos que garanticen tanto su salud como el cumplimiento de la normativa vigente.
Visita pública y recomendaciones
Zoo Ave se prepara para reabrir la visita a los capibaras, ofreciendo al público costarricense y turistas una oportunidad de observar de cerca a estos animales, comprender sus comportamientos y aprender sobre su importancia ecológica en sus hábitats originales. La visita, sin embargo, está sujeta a normas estrictas para garantizar el bienestar de los animales, por lo que los visitantes deberán abstenerse de alimentarlos, evitar ruidos fuertes y no utilizar flash al tomar fotografías.
Además, el personal del centro orienta a los visitantes para que mantengan una distancia adecuada y comprendan la historia detrás de estos capibaras, subrayando el impacto del tráfico ilegal en la fauna y la importancia de no contribuir a estas prácticas con la compra o tenencia de animales exóticos. Esta experiencia busca sensibilizar a las familias y estudiantes sobre las responsabilidades que conlleva el respeto a la vida silvestre y resaltar el rol de los centros de rescate en la protección y cuidado de las especies, transformando un caso de tráfico ilegal en una oportunidad de aprendizaje y concienciación para la sociedad costarricense.
El decomiso de los capibaras en Orotina no solo fue un caso inusual por tratarse de una especie que no forma parte de la fauna costarricense, sino que también se convirtió en un recordatorio de la interconexión entre el tráfico de drogas y el tráfico de fauna exótica, un negocio ilícito que pone en riesgo a los animales y al ecosistema del país. Gracias al trabajo de Zoo Ave y al seguimiento de las autoridades ambientales, estos capibaras han logrado una recuperación significativa, transformándose en embajadores de un mensaje de conservación, educación y responsabilidad.
Su historia nos invita a reflexionar sobre la importancia de proteger la biodiversidad y de respetar las leyes que prohíben la tenencia de fauna silvestre, así como a reconocer el rol de cada ciudadano en evitar el fomento de estas prácticas ilegales. Hoy, estos capibaras representan la esperanza de que, con el cuidado adecuado y la acción conjunta de instituciones y sociedad, es posible cambiar el destino de los animales víctimas del tráfico y convertirlo en un llamado de atención hacia la construcción de un país que prioriza la vida y la naturaleza.







