Del 22 al 24 de agosto tuve la oportunidad de descubrir un hotel y destino que desde hacía meses estaba en mi lista de deseos: Nicuesa Lodge. Este lugar reúne todos los atributos para convertirse en uno de mis favoritos y ahora, además, está disponible a través de nuestra agencia Green Circle Experience.

Se trata de una propiedad beachfront, con una playa prácticamente privada y aguas cristalinas que reciben las suaves olas del imponente Golfo Dulce, en la península de Osa —uno de los pocos fiordos tropicales del planeta— y colindante con el Parque Nacional Peñas Blancas. Un verdadero oasis de naturaleza, paz y relajación.

Lo que sigue es la narración de una experiencia que estoy seguro de repetir cada año, si no con mayor frecuencia.

Inicio del viaje

A las 7:00 a.m. llegué a la terminal de vuelos internos del Aeropuerto Juan Santamaría. La maravillosa gente de SANSA había tenido la amabilidad de coordinar mi vuelo de ida y regreso.

La terminal aérea es, literalmente, lo que todo aeropuerto debería ser: un ingreso sencillo y rápido, un check-in ágil —mi nombre ya estaba en la lista— y, tras mostrar la cédula y pasar por seguridad, pasé directo al área de abordaje.

Un pequeño tip por experiencia personal

La terminal de SJO es la más moderna y completa de las terminales de vuelos internos en Costa Rica; las regionales suelen ser más básicas. En el control de seguridad, el equipaje pasa por rayos X y los pasajeros por detector de metales.

Ese viernes, en mi maleta llevaba una cuchilla suiza, parte habitual de mi equipo cuando viajo en carro por el país. Apenas la uso, pero me da una sensación extra de preparación, sobre todo porque disfruto perderme en los bosques. El oficial de seguridad la detectó de inmediato y me indicó que, para llevarla, debía hacer una declaración completa de equipaje.

Ese proceso implica vaciar y registrar frente a un funcionario todas las pertenencias en las maletas. Puede ser engorroso, sobre todo lidiar con la mirada de otros pasajeros esperando detrás de uno. Afortunadamente, la agente de SANSA me ofreció guardarla en la bodega de la aerolínea hasta mi regreso. Me entregó un comprobante con el código de la caja donde quedaría almacenada, lo que facilitó recuperarla el domingo a mi regreso.

Comparto esta anécdota porque a cualquier viajero le puede pasar: llevar por costumbre un objeto permitido en terminales regionales, pero restringido en SJO. Y nadie quiere enfrentar, en medio del apuro, la decisión de registrar todo su equipaje o desprenderse de una herramienta con valor práctico o sentimental. Tener esto en cuenta es especialmente importante si SJO no será la terminal de regreso y recuperar el instrumento pudiera ser considerablemente más complicado. En todo caso, de nuevo gracias a la gente de Sansa por su disponibilidad, ayuda y cuidado de mi cuchilla que sí guarda un valor sentimental. 

La experiencia inicia con los Cessna Caravan

Con una flotilla de doce Cessna Caravan, SANSA conecta 14 destinos: doce dentro de Costa Rica y dos internacionales, uno a Nicaragua y otro a Panamá.

Confieso que todavía siento cierta emoción infantil al subir a un avión. La tripulación —piloto y primer oficial— suele esperar junto a la aeronave durante el abordaje, saludando a cada pasajero. Una vez todos a bordo y cerradas las puertas, el despegue es casi inmediato.

Los Cessna Caravan tienen capacidad para 12 pasajeros. Aunque el techo no es muy alto, la cabina resulta cómoda y los asientos permiten incluso dormir. El ruido del motor y del rotor frontal es notorio, pero no más molesto que el de un autobús veterano. Y en cuanto las ruedas se desprenden del suelo, la atención se desplaza a lo que realmente importa: los paisajes. El motor pasa a ser un murmullo de fondo que acompaña la vibrante escena que se despliega por la ventana.

Rumbo al Pacífico, lo primero que se aprecia son las calles y carreteras de Alajuela, aún cargadas de tránsito a las 8:00 a.m., con miles de costarricenses camino al trabajo.

Costa Rica es un país desbordante de verde. Desde tierra siempre pienso que es un privilegio vivir donde los árboles no son una excepción, sino parte de la cotidianidad. Pero desde el aire la magnitud de ese verdor es aún más abrumadora. El simple trayecto con SANSA se convierte en un tour escénico, un recordatorio de la fortuna de ser residente o visitante en esta tierra improbable.

El avión atraviesa montañas, valles y cañones, sobrevuela plantaciones, meandros y ríos. Desde arriba se distinguen casas dispersas, escena típica de los pueblos ticos. Poco a poco el relieve se aplana y los ríos comienzan a abrirse en deltas que desembocan en el Pacífico Central.

El piloto y su primer oficial anuncian el paso sobre Quepos: cielos despejados, sin otras aeronaves a la vista. Me sorprenden las aguas del Pacífico: claras, verdes y azules, con poco oleaje. Es invierno y agosto había traído lluvias intensas, así que esperaba costas turbias por los sedimentos, pero la realidad era bastante clara.

Entonces, la ansiedad me traiciona: mi pierna derecha empieza a rebotar, esperando la aparición de la icónica Cola de la Ballena. Esta formación se origina por la acumulación de sedimentos y la disposición de arrecifes rocosos que se proyectan hacia el mar, creando un istmo de arena visible en marea baja. Años atrás incluso tenía árboles y vegetación; hoy queda la silueta, inconfundible, en medio del océano. Estamos en Uvita y las ballenas no harán falta en este viaje. 

Nuestro vuelo continúa bordeando la costa; Uvita ya quedó atrás. Ahora sobrevolamos un intrincado laberinto de canales y manglares. Abajo se extiende Sierpe, uno de mis lugares favoritos para recorrer en bote, un rincón que para mí es una suerte de Amazonas tico, al igual que Tortuguero.

Pronto dejamos la línea de playa y entramos en un ecosistema donde la tierra y el agua dulce de los ríos se mezclan camino al mar. Desde el aire, el mosaico es hipnótico: ríos, pantanos, franjas de selva y estuarios que parecen respirar al ritmo de la marea.

Pocos minutos después, el paisaje cambia de nuevo. Ahora volamos sobre la Reserva Forestal Golfo Dulce y el vibrante Parque Nacional Corcovado, una de las joyas más biodiversas del planeta.

Y entonces, de pronto, el mar regresa. Lo que aparece bajo nuestras alas es un fiordo, sí, un fiordo tropical.

¿Qué es un fiordo?

Un fiordo es una entrada estrecha y profunda del mar que se adentra en la costa, rodeada de montañas o acantilados muy empinados. Generalmente se forman cuando un glaciar excava un valle en forma de “U” y, al retirarse, el mar lo inunda. Noruega es el país por excelencia de los fiordos.

Pero los fiordos tropicales son otra historia. Extremadamente raros, en todo el mundo solo existen cuatro, y el de Costa Rica es particularmente único. Su origen no es glaciar, sino tectónico.

Aquí la lista completa, para que sumes estos destinos a tu bitácora de viaje:

Fiordo TropicalPaís / RegiónOrigenProfundidad máx. aprox.Rasgos distintivos
Golfo DulceCosta RicaTectónico~200 mCuenca anóxica bajo 100 m; santuario de ballenas jorobadas y tiburón martillo
Golfo de CariacoVenezuelaTectónico~140 mAguas cálidas y tranquilas, alta productividad pesquera
Bahía DarwinIslas Galápagos (Ecuador)Tectónico~200 mBiodiversidad marina única, parte de un cráter sumergido
Bahía de KaoeIndonesiaTectónico~300 mRodeada de selva tropical y arrecifes coralinos

👉 Para conocer más sobre la riqueza natural del Golfo Dulce, te invito a visitar CostaRicaSpecies.com.

Llegada a Puerto Jiménez

El avión comienza a perder altitud. El suelo se acerca con rapidez y la sensación se vuelve vertiginosa. Ahora, cerca del mar, vemos pasar botes de transporte y de pesca que se desplazan a toda velocidad bajo la ventana. El descenso continúa, la velocidad aparente aumenta y, en segundos, dejamos atrás los botes, dejamos atrás el mar… y tocamos tierra en la pista del aeropuerto de Puerto Jiménez, el cantón más joven de Costa Rica.

Puerto Jimenez, Puntarenas Costa Rica, a la fecha de escritura de este articulo es el cantón más reciente de Costa Rica.

Allí, para darnos la bienvenida, aparece un perro negro que deambula con la calma de quien ya está acostumbrado al ir y venir de los aviones. Apenas se aparta de la pista, más por evitar el estruendo del motor que por temor a quedar bajo las ruedas. Una postal auténticamente costarricense para cerrar el vuelo.

-Como dato curioso, el aeropuerto de Puerto Jiménez colinda con el cementerio de la comunidad, ya dejaré entonces que el humor del lector haga la siguiente analogía…-

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Tocando tierra.

Nicuesa Lodge es un ecolodge único, accesible únicamente por agua. El hotel ofrece traslado en bote desde los muelles de Golfito o Puerto Jiménez. SANSA vuela a ambos destinos, lo que facilita la conexión.

Para quienes prefieren llegar en vehículo, Nicuesa tiene un convenio con la marina de Golfito, que ofrece parqueo a $10 por noche. Además, la marina cuenta con cargadores para autos eléctricos.

Mi vuelo del viernes aterrizó en Puerto Jiménez, tras un recorrido de exactamente 45 minutos. Las mañanas costarricenses, incluso en invierno, suelen ser tranquilas y despejadas, y los Cessna Caravan ofrecen un vuelo estable y tranquilo.

En lo personal, disfruto mucho manejar por Costa Rica y descubrir sus pueblos. Sin embargo, convertir más de cinco horas y media de carretera en apenas 45 minutos de vistas aéreas del país es, sin duda, una experiencia que vale cada centavo y cada minuto.

Puerto Jiménez, el cantón más joven

Puerto Jiménez es, oficialmente, el cantón más joven de Costa Rica. Se convirtió en el número 84 del país el 8 de abril de 2022, con la firma de la Ley 10.195. A la fecha de escribir estas líneas, apenas tiene tres años de existencia.

Un consejo práctico: aquí es donde deben realizar todas sus compras antes de continuar el viaje. A escasos diez metros del aeropuerto hay una pequeña pulpería (prometo recordar su nombre en mi próximo viaje). Este es el último punto para adquirir cualquier artículo olvidado —sí, incluso una cuchilla— antes de internarse en el Golfo Dulce.

Para quienes, como yo, somos un imán de mosquitos, la tienda tiene todo lo necesario: repelente, bloqueador, linternas, además de snacks, bebidas y helados para los más golosos.

👉 Más adelante encontrarás nuestra lista recomendada de cosas para empacar al visitar el Golfo Dulce y la Playa Nicuesa.

Rumbo a Nicuesa Lodge

Apenas llegamos a la terminal de Puerto Jiménez, el personal de Nicuesa Lodge ya nos esperaba. Nos recibieron Kimberly y Oscar, sonrientes, cálidos, con esa naturalidad de quienes te hacen sentir como en casa desde el primer minuto. Se presentaron, nos dieron la bienvenida y, sin demora, se hicieron cargo de nuestro equipaje, que cargaron en el taxi de Oli (Olivier), capitán de taxi y bote.

El trayecto en taxi hasta el muelle dura apenas tres minutos. En realidad, lo habríamos podido hacer caminando sin problema, pero la logística con maletas agradece la comodidad. En el muelle ya aguardaba nuestro bote, listo para llevarnos hacia Nicuesa.

El Golfo Dulce: un espejo de calma

Una característica fascinante del Golfo Dulce es la ausencia casi total de oleaje. Navegar por él es como deslizarse sobre una piscina infinita: un lago plácido, sereno, espejo perfecto del cielo. Basta contemplarlo para entender por qué las ballenas jorobadas lo eligen como refugio.

El recorrido desde el muelle de Puerto Jiménez hasta Nicuesa Lodge dura unos 20 minutos en bote. El ecolodge se encuentra justo en línea recta, al otro lado del golfo. El viaje es tan tranquilo que, para quienes padecen mareo o tienen un oído interno sensible, podría compararse más con un paseo en bicicleta por la ciudad que con una travesía marítima.

Llegada a Nicuesa

Veinticinco minutos después de zarpar de Puerto Jiménez, estábamos ya en el muelle de Nicuesa Lodge. El muelle, por sencillo que parezca, se agradece enormemente: desembarcar directo en la playa desde un bote, cargando maletas, siempre requiere de cierta persuasión mental para decidir cuándo saltar. Aquí no hay dudas: el muelle elimina esa incomodidad y evita poner a prueba qué tan waterproof resulta la maleta en la práctica.

Al llegar, el personal del hotel nos recibió con una refrescante bebida natural. Tras una breve charla introductoria y una cálida bienvenida, se hicieron cargo de nuestro equipaje, que nos esperaría en las habitaciones, mientras nosotros nos dirigíamos al lobby para el check-in de rutina.

Una finca de cacao convertida en santuario

El terreno que hoy ocupa Nicuesa fue originalmente una finca cacaotera, venida a menos por la llegada de la monilía, un hongo (Moniliophthora roreri) que afecta los frutos jóvenes del cacao y los vuelve inviables para la cosecha y producción de chocolate. La enfermedad, detectada en Costa Rica en 1978, golpeó especialmente a las variedades criollas, mientras que otras, como el trinitario, mostraron resistencia.

Afectados por la plaga, los antiguos propietarios decidieron vender la finca. Fue entonces adquirida por una pareja de neoyorquinos, con la convicción de transformarla en un santuario natural y, al mismo tiempo, en un espacio de hospedaje para viajeros y amantes de la naturaleza. Así nació un verdadero ecolodge, alineado con la filosofía de turismo sostenible.

Un verdadero Ecolodge.

De seguro ha ido antes esta palabra “Ecolodge” pero ¿qué es realmente uno? ¿Cómo se define? ¿Como sabemos que realmente el destino es un ecolodge y no solamente una palabra de moda más mercadeo que un adjetivo?  

Bien

Un ecolodge es un tipo de alojamiento turístico diseñado, construido y operado de manera que minimiza su impacto en el medio ambiente y beneficia a las comunidades locales. Se encuentra típicamente en entornos naturales, como selvas, montañas o reservas ecológicas, ofreciendo a los huéspedes una experiencia de inmersión en la naturaleza.

De las descripcion anteriores Nicuesa como los demás Ecolodges de Green Circle Experience cumple con todas y cada una de sus caracteristicas

El lobby y el restaurante de Nicuesa

Lo remoto del hotel hace que el lobby y el restaurante sean los únicos espacios con acceso a internet; las habitaciones, aunque hermosas, no tienen televisor, ni wifi, tampoco tienen aire acondicionado. Para algunos viajeros esto puede ser un deal breaker. Pero para quienes buscan desconectarse, vivir la naturaleza en su estado puro y liberarse del bombardeo de las redes sociales, Nicuesa es un paraíso.

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En el lobby siempre hay personal dispuesto a ayudar, resolver consultas o simplemente conversar con los huéspedes. En el nivel superior se encuentran el bar y el restaurante, construidos —como todas las estructuras del lodge— con madera extraída de manera responsable dentro de la propiedad. El ingreso es únicamente descalzo, lo que refuerza la sensación de conexión con el entorno.

La comida es tradicionalmente costarricense, aunque no en formato de “casado”. No hay menú a la carta: cada día el hotel ofrece distintas opciones, siempre balanceadas y sabrosas. Hay alternativas vegetarianas, aunque la proteína suele ser el eje del plato, fiel al estilo de la cocina local. El café está disponible a toda hora, y unas galletas caseras de coco terminaron por conquistar a todos los presentes.

El restaurante ofrece una vista idílica al Golfo Dulce, un recordatorio constante de que el siguiente paso es lanzarse al agua: ya sea para explorar el fiordo en bote o, en temporada, para avistar cetáceos en su hábitat natural.

Un detalle que adoro de Nicuesa es que los alimentos se sirven en una sola mesa donde los huéspedes pueden sentarse conversar, conocerse y compartir. La desconección el cantar de las chicharras, la brisa marina y si se presta atención el casual romper de las apenas perceptibles olas del mar en la playa de piedras hace que socializar sea sencillo. De cierta modo, creo que es la manera más natural de conocer y compartir con otros al rededor de la luz de las velas si es de noche o con el cantar de las aves y los ocasionales estruendos de monos y guacamayas si es de día, así como lo hicieron nuestros antepasados por miles de años.

Habitaciones: refugios en la selva

Nicuesa Lodge ofrece varias opciones de alojamiento, cada una diseñada para fundirse con el entorno y permitir que la naturaleza sea protagonista. Todos los espacios tienen piso de madera, puertas y ventanas con persianas (louvered), ventiladores de techo, terraza privada, ducha al aire libre con vistas a la selva, y acceso directo al bosque lluvioso. Cada habitación es una invitación a respirar con calma, estar presente, desconectarse. 

Las cabañas y opciones disponibles

Jaguar House: mi refugio en la jungla

Tuve la surte de quedarme en la Jaguar House, la antigua casa de los dueños. Esta casa de dos pisos con tres habitaciones es una mezcla perfecta de amplitud, confort y vida silvestre envolvente. 

Cada mañana en Jaguar House es un despertar acompañado por sonidos que solo un lugar como este puede ofrecer: aves, insectos, el viento, quizá algún mono o reptil curioso. Y en la noche, la oscuridad con millones de estrellas, lejos de luces artificiales, con ese silencio tan profundo que uno siente la propia respiración.

Algunos datos extra sobre el hotel. 

¿Qué llevar a Nicuesa Lodge?

Visitar Nicuesa no es solo hospedarse en un hotel: es entrar en un santuario natural aislado, donde la comodidad depende tanto de lo que lleves como de lo que decidas dejar atrás. Aquí algunas recomendaciones para empacar y disfrutar al máximo:

Indispensables para la selva y el clima

Para la experiencia nocturna

Tecnología y recuerdos

Bienestar y confort personal

Extras opcionales


Nota final del viajero

En Nicuesa la desconexión es parte del encanto: no hay televisores ni wifi en las habitaciones. Empacar con esa mentalidad —llevar lo esencial para estar cómodo y nada más— es clave para aprovechar la experiencia. Aquí, cada objeto cuenta y cada olvido se magnifica. Asegúrate de revisar tu lista antes de subir al bote, porque una vez que el Golfo Dulce queda detrás, lo único que queda es entregarse al ritmo de la selva.

Actividades.

Snorkeling, caminatas, observación de ballenas y delfines, yoga, pajareo y más.

Como explica César, su gerente general, Nicuesa Lodge, está lleno de actividades para realizar, todas girando alrededor de la riqueza en biodiversidad del lugar, para todos los niveles de preparación física. 

Para los que quieren un impacto bajo sin extenuar el cuerpo y las articulaciones el taller de cacao, observación de aves, visitar la playa, las clases de yoga, observación de cetaceos y cuándo es temporada ballenas jorobadas o una caminata ligera en sus senderos asegura días completos ocupados sin necesidad de extenuar cuerpo y mente, más bien y por el contrario la conexión con la naturaleza y estirar los musculos prometen revitalizar y energizar a los participantes. 

Para aquellos más aventureros y deportistas, Nicuesa ofrece actividades como kayaking, senderos más avanzados con actividades como rapel que llevan al Parque Nacional Piedras Blancas (este solo se puede realizar con guías del hotel por seguridad) y snorkeling en la playa San Josecito o en playones aledaños como parte de la experiencia del tour de observación de cetáceos.

Importante también hay posibilidad de visitar pueblos como Puerto Jiménez y Golfito o realizar mediante contrataciones de terceros pesca deportiva inshore y offshore, eso sí el regreso al hotel debe de realizarse antes de las 4:00pm para que los botes puedan navegar con visibilidad optima.  

Caminatas.

Hay variedad de camiantas para escoger, si bien la mayoría de los senderos son sencillos y de bajo impacto (salvo el que lleva al Parque Nacional Piedras Blancas) y se puede realizar de manera independiente, los guías siempre están en el hotel listos para coordinar una salida temática. 

Caminatas como el Early Birding suceden temprano en la mañana, mientras que el Dusk Hike sucede al caer la tarde y acabar el día, para ver la transición de especies diurnas a nocturnas. La caminata nocturna requiere de buenas linternas; el hotel tiene las suyas propias; sin embargo, la recomendación es llevar las propias para asegurar una candela intensa y adecuada. Además, es posible que otros huéspedes quieran unirse a las caminatas, en cuyo caso puede que las linternas del hotel se acaben. 

La selva está viva. Lluvias de Temporada  de Ballenas

Es importante recordar que la selva está viva y encuentros con flora y fauna salvaje en Costa Rica están casi garantizados. Habrá insectos de todas formas y tamaños, también serpientes. Para aquellos caminantes y exploradores menos experimentados es siempre mejor mantenerse dentro de los senderos. Si se visita el Golfo Dulce y el Nicuesa Lodge en la temporada de ballenas de agosto a octubre, esto implica que se visitará en época lluviosa. 

Las lluvias son generalmente vespertinas y las mañanas tienden a ser claras y despejadas, ideales para la observación de cetáceos, las tardes y las noches frecuentemente vienen acompañadas de estruendosos aguaceros y las tormentas eléctricas son comunes. Los senderos se encuentran bien cuidados y el personal es diligente resolviendo cualquier imprevisto o, del todo, prohibiendo el acceso a cualquier lugar o situación que pudiera comprometer la seguridad de los huéspedes, pero vale la pena decir que durante la época lluviosa, los suelos están saturados de agua y llenos de lodo. Nicuesa está preparado con botas de hule en todos los tamaños y calzados. La recomendación es definitivamente usarlas o bien saber que para las caminatas los zapatos no regresarán en la condición en que iniciaron. 

Recomendaciones finales. 

Pues la recomendación final es ir a conocer y disfrutar Nicuesa Lodge. Un verdadero Ecolodge que genera su propia electricidad, con aguas de nacientes de manantial, puerta de entrada al parque nacional Piedras Blancas y cuyo jardín es un Golfo o Fiordo Dulce, tranquilo, cereno, guardería de ballenas y hogar delfines. Un destino que respeta la grandeza de la naturaleza en su contexto salvaje y que invita al huésped a sentirse cohabitante y no dueño de su entorno.

Recomendaciones.