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I. Introducción: Un Fenómeno Atípico en la Región

Mientras la gran mayoría de las economías latinoamericanas concentraron sus esfuerzos en combatir espirales inflacionarias tras la pandemia, Costa Rica ha ingresado en un periodo de excepcionalidad macroeconómica que la distingue radicalmente de sus pares. El país, junto con Panamá, cruzó el umbral hacia una deflación sostenida, convirtiéndose en un caso atípico en una región caracterizada históricamente por presiones inflacionarias.

Las cifras oficiales confirman la profundidad de este fenómeno. Costa Rica cerró el año 2025 con una inflación negativa de -1,23%, ubicándose por cuarto año consecutivo fuera del rango meta establecido por el Banco Central de Costa Rica (BCCR), que oscila entre el 2% y el 4%. Lejos de revertirse, esta tendencia se agudizó al inicio de 2026: en enero, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una caída interanual del -2,5% (con una variación mensual de -0,96%), marcando la lectura más débil desde agosto de 2023 y la mayor disminución mensual observada desde 1983.

Lo que hace de esta situación una verdadera «paradoja costarricense» es que esta caída sistemática de precios no responde a una recesión económica ni a una depresión de la demanda interna, escenarios donde tradicionalmente se observa la deflación. Por el contrario, la economía mostró un dinamismo robusto, registrando un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 4,6% en 2025, una de las tasas más altas dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Expertos y autoridades monetarias atribuyen este comportamiento a una compleja interacción de factores: un «choque de oferta» positivo derivado de la caída en los precios internacionales de materias primas y combustibles, combinado con una apreciación histórica del colón frente al dólar que ha abaratado las importaciones. Sin embargo, este escenario ha generado una economía de contrastes, donde la estabilidad macroeconómica convive con tensiones estructurales en sectores productivos tradicionales y un encarecimiento relativo del país para el mercado externo, desafiando la competitividad de la llamada «Suiza Centroamericana».

II. Causas de la Deflación: ¿Por qué caen los precios?

Para comprender por qué los precios caen en Costa Rica mientras la economía crece, es necesario mirar más allá de la demanda interna. A diferencia de las deflaciones recesivas clásicas, donde la gente deja de comprar por falta de dinero, el caso costarricense obedece principalmente a un «choque de oferta positivo» y a una política monetaria que ha mantenido condiciones restrictivas en términos reales. Los expertos identifican tres grandes motores detrás de esta caída sostenida de precios.

1. El Fenómeno del «Súper Colón»

El factor más determinante ha sido la apreciación masiva y sostenida de la moneda nacional. Desde mediados de 2022 hasta agosto de 2025, el colón se apreció aproximadamente un 27% frente al dólar, comportándose incluso mejor que divisas fuertes como el franco suizo.

2. Factores Externos: Alivio en Materias Primas

Costa Rica ha importado la deflación global de los commodities. Tras la crisis logística de 2021-2022, los precios internacionales de insumos clave se normaliceron, eliminando la presión sobre los costos de producción locales.

3. La Postura del Banco Central: ¿Cautela o Rigidez?

El tercer pilar de la deflación es la política monetaria del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Aunque la entidad ha reducido su Tasa de Política Monetaria (TPM) desde un pico del 9,0% en 2023 hasta el 3,25% a finales de 2025, críticos y sectores productivos argumentan que el ajuste ha sido demasiado lento frente a la realidad de los precios.

En resumen, la deflación tica es hija de un colón inusualmente fuerte y de insumos externos baratos, en un entorno donde el dinero sigue siendo relativamente caro de pedir prestado.

Aquí tienes la tercera sección del artículo, que profundiza en la dualidad estructural de la economía costarricense y sus consecuencias fiscales.

III. Una Economía a Dos Velocidades

Detrás de las cifras macroeconómicas que posicionan a Costa Rica como un líder de crecimiento en la OCDE, se esconde una marcada dualidad estructural. El país opera, en la práctica, como dos economías distintas que avanzan a ritmos muy diferentes: un sector externo pujante y desconectado de los precios locales, y una economía interna estancada que enfrenta los rigores de la deflación y el tipo de cambio.

1. La «Tijera» del Crecimiento: Zonas Francas vs. Régimen Definitivo

Aunque el Producto Interno Bruto (PIB) creció un sólido 4,6% en 2025, este dinamismo no es generalizado. El crecimiento está concentrado casi exclusivamente en los Regímenes Especiales (Zonas Francas), impulsados por empresas de dispositivos médicos y servicios de alta tecnología.

2. La Erosión Fiscal: Cuando la Deflación Golpea la Hacienda Pública

La «paradoja» de tener deflación con crecimiento económico ha comenzado a pasar factura a las finanzas del Estado. La recaudación tributaria ha sufrido un deterioro notable debido a que los impuestos se cobran sobre el valor nominal de las transacciones, y al caer los precios y el valor del dólar, la base imponible se achica.

En resumen, mientras una parte del país celebra récords de exportación, la economía doméstica y las arcas del Estado enfrentan una restricción de recursos que amenaza la cohesión social y la sostenibilidad fiscal a mediano plazo.

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IV. Enfoque Especial: Impacto en el Turismo y Visitantes Extranjeros

El sector turismo, tradicional motor de divisas y empleo en Costa Rica, enfrenta lo que expertos y empresarios describen como una «tormenta perfecta». Mientras el país registra deflación en colones, para el mercado internacional Costa Rica se ha encarecido drásticamente. Esta sección analiza cómo la apreciación cambiaria ha erosionado la competitividad del destino y ha alterado los flujos de viajeros.

1. Pérdida de Competitividad: Un Destino «Caro» en Dólares

Aunque el Índice de Precios al Consumidor (IPC) muestre números negativos internamente, la realidad para el turista extranjero es opuesta. Debido a la apreciación del colón (que rondó el 27-28% desde mediados de 2022), los visitantes reciben significativamente menos colones por sus dólares, lo que encarece efectivamente su estadía.

2. El «Apretón» de Márgenes Financieros

La industria turística vive un descalce financiero estructural bajo la coyuntura actual. La mayoría de los ingresos del sector están denominados en dólares (tarifas de hoteles, tours), pero sus costos operativos son en colones (salarios, cargas sociales, electricidad, impuestos), los cuales no han bajado nominalmente.

3. Desaceleración del Crecimiento Turístico

Las cifras macroeconómicas confirman el freno en el dinamismo del sector. A diferencia de las tasas de crecimiento de dos dígitos observadas en la recuperación pospandemia, el turismo ha entrado en una fase de estancamiento o crecimiento marginal.

4. La Otra Cara: El Auge del Turismo Emisor (Ticos viajando)

El fenómeno del «Súper Colón» ha tenido un efecto inverso para los costarricenses: viajar al extranjero se ha vuelto inusualmente barato.

11/11/2023. Festival Gastronómico y Cultural Coreano. Parque Nacional, San José. Fotografía: Lilly Arce.

V. Paradoja del Mercado Laboral

Si bien las cifras oficiales muestran una reducción histórica en la tasa de desempleo, un análisis más profundo revela una realidad inquietante. El mercado laboral costarricense enfrenta una contracción estructural de su fuerza de trabajo, donde la mejora estadística del desempleo no se debe tanto a la creación masiva de nuevos puestos, sino al retiro de miles de personas que han dejado de buscar trabajo.

1. El «Espejismo» de la Tasa de Desempleo

Al cierre del cuarto trimestre de 2025, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reportó una tasa de desempleo del 6,3%, una de las cifras más bajas desde que se aplica la Encuesta Continua de Empleo (2010). A primera vista, este indicador sugeriría un pleno auge laboral. Sin embargo, analistas y sectores académicos advierten que esta cifra es engañosa.

2. El Gran Éxodo: ¿Por qué se van los trabajadores?

Se estima que entre 2022 y 2025, cerca de 300.000 personas se retiraron de la fuerza laboral, pasando a la condición de inactividad. El Banco Central (BCCR) y el INEC identifican tres motores principales detrás de este fenómeno:

3. Informalidad y Calidad del Empleo

A pesar del crecimiento económico del 4,6%, la calidad del empleo no mejora al mismo ritmo. La tasa de informalidad se ubicó en un 37,8% a finales de 2025.

En resumen, Costa Rica vive una paradoja donde los indicadores macroeconómicos de desempleo mejoran «por las razones equivocadas»: no porque haya trabajo para todos, sino porque una parte significativa de la población ha dejado de intentarlo.

Aquí tienes la sexta y última sección del esquema original. Esta parte sintetiza las proyecciones macroeconómicas y los riesgos latentes para los próximos dos años.

VI. Perspectivas 2026-2027: Un Aterrizaje Suave en Tiempos de Incertidumbre

De cara al bienio 2026-2027, las autoridades económicas y los organismos internacionales proyectan un escenario de normalización lenta para Costa Rica. El país buscará transitar desde la excepcionalidad de la deflación y el «súper colón» hacia un equilibrio macroeconómico más sostenible, aunque el camino estará marcado por riesgos geopolíticos y desafíos internos.

1. Proyecciones de Crecimiento: Desaceleración y Rebote

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) estima que la economía entrará en una fase de moderación tras el auge de 2024-2025.

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2. Inflación y Tasas: El Largo Camino a la Meta

El retorno a la normalidad en los precios será más lento de lo previsto, obligando a mantener una política monetaria vigilante.

3. Sostenibilidad Fiscal y Deuda

El saneamiento de las finanzas públicas sigue siendo una prioridad, aunque con calendarios ajustados.

4. Riesgos en el Horizonte: El Factor Trump y el Clima

El escenario base está sujeto a riesgos significativos que podrían alterar la ruta de vuelo:

Aquí tienes la conclusión del artículo, que sintetiza los hallazgos presentados en las secciones anteriores y ofrece una reflexión final sobre el futuro económico del país.

VII. Conclusión: La Encrucijada de la Estabilidad

La coyuntura económica de Costa Rica entre 2024 y 2026 pasará a la historia como un periodo de excepcionalidad macroeconómica. El país logró lo que parecía imposible para muchas naciones latinoamericanas: erradicar la inflación y mantener un crecimiento del PIB superior al promedio de la OCDE. Sin embargo, este éxito estadístico ha cobrado un precio alto en la economía real, configurando una «encrucijada» donde la estabilidad de los precios convive con profundas fracturas estructurales.

El fenómeno de la deflación, impulsado por una apreciación cambiaria de casi el 30% y la caída de precios internacionales, ha funcionado como un arma de doble filo. Por un lado, ha protegido el poder adquisitivo de los hogares que consumen bienes importados y ha facilitado la reducción de la relación deuda/PIB por debajo del 60% antes de lo previsto. Por otro lado, ha erosionado la competitividad del sector productivo local y del turismo, encareciendo a Costa Rica en dólares y provocando una «fuga de consumo» hacia el exterior, mientras los ingresos fiscales se debilitan al reducirse la base imponible de impuestos claves como el IVA y combustibles.

El modelo de «dos velocidades» se ha consolidado: un motor de alta tecnología en Zonas Francas que vuela ajeno a los costos locales, y un Régimen Definitivo —donde opera la mayoría de las empresas y trabajadores— que avanza con dificultad. Esta dualidad se refleja crudamente en el mercado laboral, donde la baja tasa de desempleo (6,3%) enmascara la realidad de miles de personas, especialmente mujeres y adultos mayores, que se han retirado de la fuerza laboral ante la falta de oportunidades atractivas.

De cara al futuro, el desafío para las autoridades monetarias y el gobierno entrante en 2026 no será solo mantener la inflación baja, sino gestionar un «aterrizaje suave» que permita normalizar las tasas de interés y el tipo de cambio sin detonar una espiral inflacionaria. La sostenibilidad del modelo costarricense dependerá de su capacidad para reconectar el crecimiento del PIB con la generación de empleo masivo y evitar que el costo de ser la «Suiza Centroamericana» se vuelva impagable para sus propios ciudadanos y visitantes.

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