Anomalía Térmica: El febrero que congeló al trópico

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I. Crónica de un termómetro en caída libre

No es solo el viento; es la persistencia de un fenómeno que parece haber desdibujado la frontera entre el invierno ártico y el verano costarricense. Hoy, 9 de febrero de 2026, el país no solo enfrenta un descenso en las temperaturas, sino una anomalía climática que ha puesto a prueba la infraestructura y la resiliencia de la región. El café, motor histórico de nuestra economía, se recolecta hoy bajo cielos plomizos y ráfagas que cortan la piel, en un escenario que los expertos ya catalogan como un hito en la meteorología del siglo XXI.

La crisis térmica alcanzó su punto de inflexión el pasado lunes 2 de febrero. Mientras el Valle Central despertaba con registros históricos de 13°C —cifras no vistas en más de 30 años—, las estaciones automáticas del Instituto Meteorológico Nacional (IMN) en las faldas de los volcanes reportaban una realidad cruda: el termómetro se desplomaba cerca de los 0°C. Lo que inició como un ligero cambio en la presión atmosférica ha evolucionado hacia el Empuje Frío #14, un sistema de alta magnitud que mantiene al país bajo una dictadura de vientos alisios que superan los 90 km/h en el norte de Guanacaste.

Este lunes, la sensación térmica en las calles de San José y Cartago ha obligado a la población a modificar sus hábitos de vida. Sin embargo, detrás de la anécdota del abrigo adicional, subyace una pregunta científica urgente: ¿Por qué el escudo térmico del trópico se ha vuelto tan vulnerable? La respuesta no se encuentra en nuestras costas, sino a miles de kilómetros, en la desestabilización de las corrientes más altas de la atmósfera.

II. El Vórtice Polar: El gigante que despertó en el Ártico

Para entender por qué los costarricenses estamos sufriendo este frío inusual, debemos levantar la mirada mucho más allá de nuestras fronteras. La explicación científica no reside en el Caribe, sino en la estratosfera, a unos 30 kilómetros sobre el Polo Norte. Allí habita el Vórtice Polar, un gigantesco ciclón de aire gélido que, en condiciones normales, se mantiene confinado en el techo del mundo gracias a la corriente en chorro, una especie de «lazo» de viento que gira a alta velocidad.

Sin embargo, a finales de enero de 2026, los meteorólogos detectaron un Calentamiento Estratosférico Repentino (SSW por sus siglas en inglés). Este fenómeno, que suena contradictorio, inyectó calor en las capas altas de la atmósfera polar, provocando que el vórtice se fracturara y se desestabilizara. Al romperse este «corral» de viento, el aire ártico encontró una vía de escape y comenzó a derramarse hacia el sur como si se tratara de un líquido desbordado sobre un mapa.

Esta irrupción masiva de aire polar es la que ha alimentado la frecuencia inaudita de empujes fríos en Centroamérica. Al encontrarse con las aguas cálidas del Caribe, esta masa de aire no solo genera vientos violentos, sino que crea un efecto de «bloqueo atmosférico». En lugar de pasar rápidamente por el istmo, el sistema se queda «anclado», alimentado por una fase persistente de La Niña. El resultado es el que vemos hoy, 9 de febrero: una «autopista» de vientos boreales que conectan directamente el Canadá con las cordilleras de Costa Rica, sin que nada en el camino logre detenerlos.

III. Referencias Históricas: ¿Es este el febrero más frío de nuestra historia?

La memoria colectiva del costarricense suele asociar diciembre con el «viento navideño», pero lo que estamos viviendo este mes ha obligado a los historiadores y meteorólogos a revisar los archivos. Los datos confirman que no estamos ante una exageración de la audiencia: este febrero de 2026 ya se ha grabado en los libros de récords.

El hito más impactante ocurrió hace apenas una semana, el lunes 2 de febrero de 2026. Ese día, la estación central del IMN en San José registró una temperatura mínima de 12.2°C. Esta cifra no solo rompió el récord para un mes de febrero, sino que se posicionó como la temperatura más baja documentada históricamente en ese punto de medición, superando registros que databan de hace más de 30 años.

¿Cómo se compara con el pasado?

  • La barrera de los 30 años: Para encontrar mañanas tan gélidas en la capital, debemos retroceder a la década de los 90. Sin embargo, incluso en aquellos años, la persistencia de los sistemas era menor.
  • El factor «La Niña»: Históricamente, los años de mayor frío en Costa Rica han coincidido con eventos de La Niña. Un antecedente remoto y extremo se encuentra en el bienio 1925-1926, cuando un evento de «Mega-Niña» provocó descensos térmicos tan brutales que se reportaron heladas en zonas donde hoy sería impensable.
  • El «Febrero de Hielo» en las cumbres: Mientras en 2026 el Volcán Irazú ha marcado 3.2°C, el récord absoluto nacional sigue perteneciendo al Cerro Chirripó, que en años de frío extremo ha llegado a registrar los -8.9°C, recordándonos que, aunque somos un país tropical, nuestras cumbres pertenecen a otro régimen climático.

La «extrañeza» que percibimos este año radica en la frecuencia. Tener 14 empujes fríos para la segunda semana de febrero es una cifra que duplica el promedio histórico de algunos años, convirtiendo este 2026 en el estándar con el que se medirán las futuras olas de frío en el siglo XXI.

IV. Impacto Multidimensional: Un país bajo estrés térmico

Este fenómeno no es solo una curiosidad meteorológica; es un evento con consecuencias reales que ya se sienten en la billetera, en las salas de espera de los hospitales y en el comportamiento de nuestra fauna. Al ser Costa Rica un país diseñado para el calor, un descenso tan prolongado y drástico genera grietas en nuestra normalidad.

1. Economía: Del campo a la góndola

El sector agropecuario es, sin duda, el más vulnerable. Las bajas temperaturas en las faldas de los volcanes y las zonas altas de Cartago y Heredia están quemando los brotes de hortalizas y flores por el efecto de la «helada negra» (frío seco y viento fuerte).

  • Encarecimiento de productos: Los consumidores pronto verán un ajuste en los precios de productos como la lechuga, el brócoli y las papas, cuya producción se ha ralentizado debido al estrés térmico de las plantas.
  • Turismo y Logística: El sector turístico, vital para el país, ha visto cancelaciones en tours de aventura y cierres preventivos en Parques Nacionales debido al riesgo de caída de ramas. Además, el fuerte oleaje en el Pacífico y el Caribe ha paralizado parcialmente la pesca artesanal y el transporte de mercancías en los puertos.

2. Salud: La presión sobre el sistema respiratorio

Las clínicas y hospitales del país reportan hoy un aumento significativo en las consultas por afecciones respiratorias.

  • Viento y Alérgenos: Las ráfagas de 90 km/h no solo traen frío; transportan polvo, polen y partículas suspendidas que exacerban el asma y las rinitis alérgicas.
  • Hipotermia en zonas vulnerables: Aunque es raro en el trópico, el descenso sostenido de la temperatura representa un riesgo para las personas en situación de calle y adultos mayores en zonas rurales, donde la infraestructura habitacional no cuenta con aislamiento térmico adecuado.

3. Biodiversidad: El desafío de la vida silvestre

Como bien sabemos a través de portales como Costa Rica Species, nuestra biodiversidad está adaptada a microclimas muy específicos.

  • Anfibios y Reptiles: Siendo animales de sangre fría (ectotermos), este clima los obliga a entrar en estados de inactividad profunda para conservar energía, lo que puede interrumpir sus ciclos de reproducción.
  • Aves en migración: Los vientos alisios extremos dificultan el vuelo de aves migratorias que transitan por el istmo en esta época, obligándolas a desviarse o a realizar paradas de emergencia, alterando su equilibrio biológico.
  • Polinización: Con vientos tan fuertes, la actividad de las abejas y otros polinizadores disminuye drásticamente, lo que tendrá un efecto dominó en la flora local en los meses venideros.

V. Expectativas a Futuro: ¿Cuándo volverá el verano?

La pregunta que domina las conversaciones en las paradas de autobús y las oficinas de todo el país es una sola: ¿Cuándo cesará este frío? Según los modelos meteorológicos más recientes analizados este 9 de febrero, la respuesta es agridulce.

El corto plazo: Una tregua relativa

Los datos del IMN indican que la influencia directa del Empuje Frío #14 comenzará a disminuir gradualmente a partir de mañana, martes 10 de febrero. Se espera que la presión atmosférica en el Mar Caribe se estabilice, lo que reducirá la intensidad de las ráfagas en el Valle Central y el Pacífico Norte. Sin embargo, no debemos guardar los abrigos todavía; aunque el viento amaine, la masa de aire seco que queda sobre el país provocará noches despejadas, lo que facilitará el enfriamiento por radiación, manteniendo las madrugadas muy frías durante el resto de la semana.

El resto de la temporada 2026

El pronóstico para lo que queda de febrero y marzo sugiere que el patrón de «autopista de aire polar» sigue activo. Con el fenómeno de La Niña aún presente en el Pacífico y un vórtice polar que ha mostrado una fragilidad inusual este año, existe una probabilidad del 65% de que al menos dos empujes fríos más alcancen territorio costarricense antes de que termine marzo.

¿Anomalía aislada o nueva normalidad?

Este febrero de 2026 nos deja una lección profunda. La comunidad científica sugiere que, aunque el calentamiento global aumenta las temperaturas promedio, también desestabiliza las corrientes de aire que antes eran predecibles. Esto significa que podríamos enfrentarnos a un futuro de «extremos más agudos»: inviernos más secos pero con irrupciones de frío polar más violentas.

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